¡(in)finito el último!

Él no podía salvarla, nunca pudo; Ella arañaba esperanza entre cartones mientras dormían. Él le contaba historias de otras épocas, cuando la Tierra era plana; Ella…Ella simplemente lo miraba.

Vivían del aire sin saber volar. Deshabitados, solos, abandonados y locos. Años, muchos, recorriendo tejados a plena luz de la noche; aprendiendo a golpe de miseria; prostituyendo principios, sueños y faldas. Make it easy. Vendieron al diablo todo lo que tenían: almas, ropas y dignidad. Se salvaron muriendo poco a poco.

Hacían el amor; sucio, con lágrimas y garras. También, a veces, cuando nadie podía verlos, se curaban; de la vida, de las mentiras y de la puta hipocresía que los había llevado hasta allí. Solían dejar que sus cuerpos se congelaran en la boca del metro (así solo dolía el frío) y cuando no podían mover ni un solo músculo, rompían a llorar. Vivían sin equilibrio, jugando a enamorarse de gatos negros en un intento por cambiar su suerte. A falta de agua, bebían labios y a falta de palabras, se mordían la voz.

La gente acostumbraba a verlos cogidos de la mano en medio de vete tú a saber qué delirio adolescente; ronroneando, mirándose a gritos, haciéndose más eternos cada segundo que pasaba. Nunca hubo tanto amor.

Con la primavera, Él la abandonó.

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Un pensamiento en “¡(in)finito el último!

  1. Hasta el infinito y más allá, decía uno. El otro, que no era volar, que era caer con estilo. Yo, mientras tanto, veía la película con los brazos abiertos haciendo el avión con una sonrisa en la boca.

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