#periodismorealya

“Las libertades de expresión e información son, en la actualidad, derechos constitucionales que aparecen específicamente previstos, reconocidos y protegidos en el artículo 20 del Texto Constitucional. Sin embargo, como cualquier otro derecho, estos tienen unas ciertas limitaciones que vienen establecidas en el artículo 18 de la Constitución: se trata de los derechos a la intimidad personal y familiar, al honor y a la propia imagen”. (‘Las libertades de expresión e información y sus límites’ Aurelia María Romero Coloma).

¿Dónde estás? ¿Dónde estás (co)razón? 

En los últimos años, muchas listas de publicaciones periódicas han hecho del escándalo y del sensacionalismo indiscreto su medio de vida. Escogen a un personaje, lo exprimen al máximo y cuando ya no puede aportar nada que satisfaga a su público hambriento de morbo, lo tiran a la basura con medio millón en cada bolsillo. No sé qué me da más pena, si la bajeza de quien vende su dignidad por un fajo de billetes o la degradación tan absoluta en que la prensa rosa está sumiendo a una profesión que debería ocuparse de salvar el mundo en vez de parodiar vidas sin sentido que sobreviven a base del chismorreo y el sensacionalismo más absurdos. ¡Periodismo real YA!

Prensa rosa en acción

En el lado opuesto al escándalo rosa, protegiendo cautelosamente su intimidad, encontramos a un gran número de personajes conocidos que no están dispuestos a airear su vida privada. ¿El precio que han de pagar por guardar silencio? Asaltos periodísticos, ataques varios y demás barbaridades de instinto animal. Si no es por las buenas, tendrá que ser por las malas. ¿Es que hemos perdido el norte? Parece que muchos periodistas han olvidado los límites que traen consigo aquellos derechos de los que tanto alardean. Vergonzoso. Un verdadero profesional de la información nunca, bajo ningún concepto, puede dañar los intereses de las personas; ni siquiera en una época como la actual, en que las barreras de lo privado no se anuncian lo suficientemente fuertes y son traspasadas con facilidad por aquellos sectores de profesionales de la información poco escrupulosos a la hora de divulgar las noticias.

Con mucha frecuencia, se han planteado verdaderos conflictos entre la vida privada, por un lado, y la amplitud informativa por otro. Aquí entramos en el polémico asunto de si estas personas que gozan de notoriedad pública pueden o no exigir el respeto a su vida privada. En realidad, cuestionarse algo así es símbolo de la majadería y necedad más absolutas pues el famoso o la famosa en cuestión ante todo y sobre todo es persona. Nadie puede negarle ni boicotearle su derecho a la intimidad, ¡nadie! La prensa debería ofrecer el mismo respeto a alguien que quiere desnudar su vida ante las cámaras de televisión, que a aquel que prefiere vestirla con cuello alto y botas de montaña. Si es no, es no. Si es sí, ¡adelante hiena hambrienta!

¡No me mires, que me estoy cambiando! 

Uno de los aspectos que han guardado siempre más relación con el derecho a la intimidad es la imagen. Todo individuo tiene derecho a que su imagen no se reproduzca de tal forma que perjudique o dañe su vida privada. Cuando estas imágenes se obtienen indebidamente, aunque no se exhiban o difundan, el ataque a la intimidad se ha consumado, puesto que se está interfiriendo arbitrariamente en la esfera privada. De nuevo parece que los personajes más conocidos tienen el derecho a su propia imagen –así como el derecho a su intimidad– disminuido o restringido, en base, precisamente, a su proyección pública o social. Aquí entra en juego, de modo inevitable, la colisión entre dos derechos fundamentales y en ocasiones contrapuestos: el derecho a la propia imagen y la libertad de información. Cuando la divulgación de la imagen obedece exclusivamente a la loable finalidad de satisfacer la exigencia pública de información, algo que ocurre constantemente, no puede afirmarse que se haya producido una intromisión ilegítima. Pero por favor, informar no es mostrar el bikini que Menganita lucía en Honolulú o el desnudo de Fulanito junto a su esposa veinte años menor. Informar tampoco es dar a conocer las estrías de la una y los kilitos de más de la otra.  Paparazzi, fotógrafos profesionales o simples aficionados…los objetivos de vuestras cámaras se merecen ser testigos de cosas mucho más trascendentes que meras carnes traicioneras y besos furtivos. Sed útiles para el mundo.

Y así como los pueblos sin dignidad son rebaños, los individuos sin ella son esclavos.

La importancia que han adquirido hoy en día los medios de comunicación social y la gran utilización de que son objeto, por su poder de difusión de las noticias, es evidente a todas luces. Estos instrumentos pueden convertirse en peligrosos según la causa o los fines a los que sirvan. El mero chismorreo, la satisfacción de la curiosidad morbosa, el sensacionalismo artero y la deformación interesada y manipuladora de la libertad de las personas, son capaces de manchar nombres y destrozar vidas; sin embargo, es difícil hacer a un hombre miserable mientras sienta que es digno de sí mismo. En otras palabras, sin dignidad no eres nadie ni nada.

 (La mayor parte de la información ha sido obtenida de ‘Las libertades de expresión e información y sus límites’ por Aurelia María Romero Coloma).

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