Retos, límites y oportunidades profesionales del periodista en el nuevo entorno digital

Actualización inmediata de noticias. Difusión masiva de información desde prácticamente cualquier punto del planeta. Retransmisiones en directo. Contacto permanente a kilómetros de distancia. La Red 2.0 ha puesto patas arriba el mundo de la información y de la comunicación y con ello a todos los representantes de este.

Permítanme hablarles de la revolución digital, de la relación que guarda el Periodismo actual con la Red y de lo que esta última ha supuesto para la profesión.

La primera maravilla del mundo (digital)

Internet ha permitido que el sueño de muchísimas personas, no solo periodistas, se viese cumplido y eso es muy grande, amigo. El reparto equitativo del poder social así como el desarrollo espectacular de la comunicación, han sido dos de los logros que ha conseguido la Red en apenas treinta años. Grandioso, ¿verdad? Se me pone la piel de gallina. Ahora solo hemos de aprender a usarla adecuadamente para el beneficio colectivo y no de unos pocos, lo más difícil.

Aplausos desde la redacción

En los tiempos que corren, el Periodismo, desde mi punto de vista (y me resulta bastante desmoralizador decirlo) ha perdido su esencia, su carisma, su fuerza inicial. En vez usarse como megáfono del pueblo, se ha convertido en una marioneta más del sistema opresor que lo controla todo. ¿Cómo es posible que siendo los periodistas (en teoría) fieles defensores de la objetividad, haya tantísimos medios de comunicación con líneas ideológicas de sobra diferenciadas y conocidas por todos? Recojo aquí una frase sacada de Traficantes de la información (Pascual Serrano): no hacen el periódico sus redactores, sino sus abonados. Qué gran verdad. Se nos hace la boca agua cuando oímos hablar de libertad de expresión e información, de honestidad…pero no nos damos cuenta de que estas palabras han estado a un ‘tris’ de formar más parte del pasado que del presente de la comunicación, nuestro presente. ¿A quién le debemos a día de hoy la posibilidad de seguir expresando opiniones y puntos de vista sin miedo a ser intimidados por ningún tipo de institución? Nuestro héroe se llama Internet.

Malas lenguas no merecen besos

Siento aguarles este momento de entusiasmo desmedido (o por lo menos así debería ser), porque al igual que la vida no es de color de rosa, la Red tampoco. Lea con atención, es importante: una de las principales ventajas que nos ofrece Internet es su interactividad, es decir, la posibilidad de que sus usuarios sean al mismo tiempo receptores y emisores de información. El control de todo lo que se difunde escapa de este modo al ‘Ojo de Sauron’ de las grandes instituciones y noticias que, desde un punto de vista maquiavélico, nunca deberían haber salido a luz, han visto el sol entero. ¿Problema? La información falseada, los rumores infundados y demás sanguijuelas de la comunicación se propagan en Internet más rápido que la pólvora, y ya es decir. El periodista se enfrenta por tanto a la difícil y necesaria tarea del contraste de datos con el propósito de garantizar la veracidad de la información que difunda (preciosa teoría; una lástima que no siempre sea así).

La interactividad de la Red también tiene otra cara que fuerza al periodista a reafirmar su identidad como profesional de la información: todo el mundo con acceso a Internet puede contar historias. ¿Entiende por dónde voy? De aquí precisamente nace la frase que parece estar tan de moda actualmente: ‘hoy en día cualquiera puede ser periodista’. Mentira. Pero déjenme reflexionar sobre ese tema más adelante.

Coger prestado sin permiso

El plagio. Al ser Internet una red de dominio público, el famoso ‘copia y pega’ es algo muy extendido entre sus usuarios. Se reproducen textos (muchos de ellos protegidos con derechos de autor) para trabajos personales sin apenas modificación y por supuesto dejando al verdadero autor bien oculto entre los millones de páginas Web que existen. ¿Es esto justo? Apropiarse de algo que no nos pertenece, a cualquier escala, es robar. Y robar es un delito. Por favor, periodistas, fruteros, abogados o estudiantes…citemos. No nos cuesta nada y así no tiramos por la borda el trabajo que han realizado los demás.

‘Mi libertad acaba donde empieza la del otro’

Límites. Niños, jóvenes, adultos, ancianos, todos los tenemos. La Red también. Uno de ellos es la accesibilidad, que no siempre está garantizada; el otro, los conocimientos básicos de informática que ha de tener todo aquel que quiera moverse por este mundillo (esté usted tranquilo, poca cosa, se lo digo yo). El periodista encuentra más límites, ya al margen de los ‘digitales’, en cuatro derechos que amparan al ciudadano del país democrático. Estos vienen recogidos en el Artículo 20 de la Constitución y son: el derecho a la intimidad, al honor, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

Abre tu mente. Open your mind. Ouvre ton esprit.

Juan Luis Sánchez, co-director de Periodismo Humano hasta enero de este año y subdirector de eldiario.es (proyecto que estará en la red antes de verano), comenzó su carrera de informador digital con la creación de un blog compartido. Como él, muchos otros profesionales encuentran en esta herramienta la mejor forma de reafirmar su personalidad así como de difundir aquello que en los grandes medios no tiene cabida (información que compromete a los gigantes de la financiación, noticias que directamente no son publicadas por su aparente falta de interés, etc.).

‘Todo esto podéis hacerlo vosotros’ (Juan Luis Sánchez dirigiéndose a un grupo de estudiantes de Periodismo). Para el andaluz, Internet es una puerta abierta a la creación de nuevos medios de comunicación. Pero medios que podemos poner en marcha usted y yo. Ahora. De hecho, Periodismo Humano surgió así, bajo esta filosofía. Y no es ninguna mindunga. ¿Conoce la historia del 15M y PH? Pues verá, este periódico digital fue el único medio que informó del movimiento 15M desde el primer minuto, cuando ningún gigante generalista prestaba demasiada atención. Las dimensiones tan espectaculares que acabó adquiriendo en cuestión de días la movilización, obligaron a los grandes medios a hacerse eco de lo que estaba ocurriendo en España. Y lo que empezó siendo considerado una ‘bobada de perroflautas’ acabó provocando sublevaciones en todo el mundo. Ya ven, Internet nos da poder a todos; un poder que nos permite hasta forzar las agendas de los grandes medios, un poder que asusta a los gigantes y a sus guardaespaldas políticos y económicos, mejor dicho, les aterra. Y yo que me río.

‘Papá, iPad’

Lo digital no es el futuro, es el presente. Y nos tiene que entrar en la mollera a todos. Cada vez hay más lectores en red por aquello de la comodidad y gratuidad y esto hace que Internet se esté convirtiendo en el medio de información más demandado actualmente. Y las demandas necesitan ser cubiertas, nos debemos a nuestro público. Prensa escrita… ¡hasta más ver! (de veras que lo siento).   

#nosincarrera

En última estancia me gustaría reflexionar brevemente sobre el tema: ‘cualquiera puede ser periodista’ que he dejado antes en vilo y me corroe las entrañas. Con la aparición de Internet parece que la tendencia a pensar de este modo ha ido in crescendo. Una pena. En mi opinión, los que se muestran de acuerdo con esta afirmación no llegan a comprender el papel tan importante que el periodista desempeña en la sociedad, el pilar tan básico y fundamental que es para ella. Y por supuesto, subestiman sobremanera el poder que tiene. Todo esto no sería tan grave si no fuera porque estamos llegando a un punto en que  periodistas y futuros periodistas opinan de manera similar. ¿En qué lugar queda entonces la formación universitaria? Por lo menos en la mente de todos aquellos que emiten ese juicio, a mi parecer tan erróneo, ocupa un lugar pésimo, insustancial. Y creo que la sociedad en su conjunto tiene la culpa. Como expone en uno de sus artículos María Isabel Fernández, profesora de la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid: ‘La responsabilidad profesional va ligada a las demandas del público, un público que prefiere las telenovelas lacrimógenas y los concursos más elementales a los informativos y documentales que le colocan en la cruda realidad del entorno. Ante esta situación hay dos opciones: educar a los profesionales y educar a los públicos. Lo segundo sería más eficiente, porque el producto periodístico, como cualquier otro, siempre está en función de la demanda. Sin embargo, ello parece difícil sin la participación de los medios, pues, no en vano, son los únicos educadores de parte de ese público. Resulta, entonces, que los periodistas podemos hacer algo por romper este círculo vicioso. No se trata de crear unos medios ideales, tan austeros y objetivos que nadie soporte y hundan el negocio de la prensa. Se trata de mejorar lo que tenemos, poco a poco, porque lo divertido y lo serio no son incompatibles, como tampoco lo son la información y el respeto a las personas… Pero esto que parece tan elemental ha de ser enseñado, porque es muy fácil pasar de la pura información a lo tendencioso, de la noticia al insulto…’ Y para poner punto y final, déjenme complementar sus palabras con las de James Reston, periodista del New York Times: “El futuro de la información depende de comunicar inteligentemente lo que está ocurriendo en el mundo. El mundo cada vez es más complicado. No se puede comunicar meramente la verdad literal. Hay que explicarla”

Pensar. Un periodista tiene que saber pensar.

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