Sangüel

Discutía a todas horas con la Luna sólo para poder darle un beso de buenas noches a las doce en punto. No hacía preguntas, únicamente te miraba con detenimiento las pestañas y si sonreía, es que todo iba a salir bien. Y así era.

Se ponía las gafas de su abuela cuando nadie la veía y trataba de mantener el equilibrio en la alfombra mágica de Aladín. Gritaba, pegaba, mordisqueaba y arañaba, sí. Pero también te amaba. En un susurro de estos de última hora, pero te amaba.

Quería pecas y se las pintaba. Quería historias que contar y se hizo heridas de guerra. Le gustaban las despedidas con tarta de fresa y coronas del Burger King de por medio. Perder el equilibrio, hacer pi pi en los brazos de papá, repartir vida en versos sin rima. Ruffles jamón jamón y  olor a helechos en otoño.

Se peinaba el pelo antes de dormir para que los sueños no se le quedasen enredados. 

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